“Cada juzgado con su librito”: lo que la práctica le enseña al abogado
Hay una frase que se escucha hace años en tribunales y que, guste o no, sigue teniendo bastante de realidad:
“Cada juzgado tiene su propio librito.”
Y no siempre se refiere a lo que dice el código procesal.
Muchas veces habla de otra cosa: criterios internos, formas de despacho, maneras de interpretar escritos, tiempos, usos y dinámicas que solo se aprenden ejerciendo.
El abogado litigante lo entiende rápido.
Porque una cosa es estudiar el procedimiento.
Y otra muy distinta es recorrerlo expediente por expediente.
Con el tiempo uno aprende que en algunos juzgados determinados planteos requieren mayor desarrollo, que ciertos criterios probatorios cambian según el fuero o que incluso cuestiones aparentemente simples pueden tener respuestas distintas dependiendo de dónde tramiten.
No es necesariamente una crítica.
Es parte de la realidad práctica del ejercicio profesional.
Y ahí aparece algo que muchas veces no se ve desde afuera: la experiencia no solo se construye leyendo normas o jurisprudencia. También se construye entendiendo cómo funciona cada jurisdicción, cada mesa de entradas y cada dinámica judicial.
Muchas veces el ejercicio profesional es prueba, observación y aprendizaje constante.
Por eso, detrás de un escrito, no hay solamente teoría jurídica.
También hay horas de práctica, errores evitados, criterios conocidos y experiencia acumulada.
Litigar no es repetir fórmulas.
Es aprender a moverse dentro de sistemas donde, muchas veces, la práctica termina teniendo tanto peso como la norma.
Y quizás ahí radica una de las mayores diferencias entre conocer el derecho y ejercerlo todos los días.
Vimonte Claudio
Abogado

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