El liderazgo autoritario no desapareció: se volvió institucional
La administración pública dejó atrás al jefe que golpeaba el escritorio, pero no necesariamente las lógicas de control vertical. El poder ya no suele ejercerse mediante gritos o destratos explícitos; hoy aparece envuelto en lenguaje institucional, objetivos de gestión, métricas de desempeño y discursos sobre modernización administrativa.
Durante años, muchas estructuras estatales funcionaron bajo una lógica simple: obediencia, resistencia y silencio. El reconocimiento dependía menos de la capacidad técnica que de adaptarse a determinadas dinámicas de poder. Hoy eso cambió en las formas, pero no siempre en el fondo.
Existen más protocolos, capacitaciones, compliance, perspectiva de género y regulaciones internas. Sin embargo, moderar el lenguaje no necesariamente transforma la cultura organizacional. El control muchas veces sigue presente, solo que ahora se expresa de manera más sofisticada: sobrecarga permanente, disponibilidad constante, presión por resultados y exigencias emocionales disfrazadas de “compromiso institucional”.
La administración pública también incorporó nuevas lógicas de gestión: indicadores, productividad, tableros de control y reorganizaciones permanentes. El problema aparece cuando la modernización se convierte únicamente en una herramienta de presión, sin fortalecer recursos ni condiciones reales de trabajo.
Las nuevas generaciones de trabajadores estatales comenzaron además a cuestionar prácticas históricas naturalizadas: quedarse fuera de horario como prueba de compromiso, tolerar malos tratos o aceptar desgaste permanente en nombre de la función pública. Y eso tensiona estructuras formadas bajo otra cultura organizacional.
Liderar hoy dentro del Estado es más complejo. Ya no alcanza con ordenar. Se espera que quien conduce gestione equipos, cuide el clima laboral, alcance objetivos y mantenga legitimidad frente a trabajadores cada vez más conscientes de sus derechos.
Porque un jefe puede dejar de gritar y seguir generando miedo. Puede hablar de bienestar laboral y continuar sosteniendo dinámicas de desgaste silencioso.
Tal vez esa sea la principal transformación de esta época: el liderazgo autoritario no desapareció; aprendió lenguaje institucional, gestión emocional y compliance administrativo. Ya no necesita mostrarse brutal para conservar el control. Ahora busca ser organizacionalmente justificable.
Claudio Vimonte
Abogado

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