En la práctica del abogado litigante, no todo se resuelve por escrito.

Y aunque parezca contradictorio en una profesión donde el expediente tiene un peso central, hay algo que la experiencia confirma una y otra vez:  no todas las conversaciones deben darse por mensajes.



El intercambio por WhatsApp —rápido, fragmentado, muchas veces leído en velocidad x2— tiene límites claros cuando lo que está en juego es un conflicto jurídico.

Porque litigar no es solo presentar escritos.  

Es gestionar tensiones, interpretar posiciones y, en muchos casos, destrabar situaciones que el papel por sí solo no resuelve.

Hay conversaciones que requieren otro nivel de intervención:

• Una llamada para ordenar un conflicto incipiente  

• Una reunión para negociar con claridad  

• Una audiencia donde el lenguaje no verbal también comunica  


He visto conflictos escalar innecesariamente por un mensaje mal interpretado.  

Y también he visto acuerdos cerrarse en minutos cuando las partes se sientan a hablar.

¿La diferencia?

👉 La calidad de la comunicación.

En el ejercicio profesional, el criterio no es solo jurídico.  

También es relacional.

Escuchar, preguntar, detectar matices, medir tiempos.  

Todo eso forma parte de la estrategia, aunque no figure en ningún código procesal.

Algunas ideas que sostengo en mi práctica como abogado litigante:

• No todo debe quedar librado a la interpretación de un texto breve.  

• La inmediatez no siempre es sinónimo de eficacia.  

• La empatía, el respeto y la claridad reducen conflictos más que cualquier intercambio escrito.  

Esto no implica abandonar lo formal.  

Implica saber cuándo salir del expediente para mejorar el resultado dentro de él.

Porque al final, litigar no es solo tener razón en derecho.  

Es saber cómo, cuándo y de qué manera comunicarla.

A veces, tres minutos de una llamada evitan meses de conflicto.


Claudio Vimonte

Abogado

#Abogacía #Litigación #Comunicación #Estrategia #EjercicioProfesional

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